“Ma ma”, Carpe diem

Magda es una maestra que se acaba de quedar en paro, y su marido la ha abandonado por otra mujer más joven. Vive junto a su adorado hijo de 11 años, que sueña con ser futbolista. De pronto, el cáncer irrumpe en su vida, amenazando no sólo su existencia sino el futuro de lo que ella más ama en el mundo.

Julio Medem regresa cinco años después a la gran pantalla con Ma ma, una historia que exalta el valor de la vida frente a la proximidad de la muerte. Una historia de amor. El director vasco, poseedor de una de las miradas más personales de nuestro cine, nunca deja a nadie indiferente. Sus primeras películas (Vacas, 1992; La ardilla roja, 1993; Tierra, 1996; Los amantes del círculo polar, 1998) le granjearon una merecida popularidad, gracias a un estilo particular de realismo conjugado con un aura ciertamente metafísica. Lucía y el sexo (2001) ya causó cierta división entre incondicionales del sello Medem y quienes observaron un exceso manierista en su trayectoria. Luego llegó La pelota vasca (2003), valiente e injustamente maltratada por miopías nacionalistas de todo tipo. Y después la desconcertante Caótica Ana (2007). Parecía que el virtuosismo de Medem se había agotado o era incomprendido, y una correcta aunque insustancial Habitación en Roma (2010) no logró remontar el vuelo de su autor.

El 11 de septiembre se estrena Ma ma, una película que probablemente reconciliará a Julio Medem con el gran público. Aquí se aproxima a una faceta distinta del personaje femenino sobre el que lleva años investigando. Ya no es la chica que examina su identidad, sino la mujer volcada en el prójimo y que afronta la enfermedad. El director utiliza con destreza su habitual lenguaje visual, entre la metáfora y la poesía – montaje excepcional mediante -, para contarnos una historia dramática, dura, pero esencialmente optimista.

Penélope Cruz es Magda. Vuelve a protagonizar una película española tras seis años (Los abrazos rotos, 2009), y de qué manera. La actriz madrileña – que también coproduce el film – borda un personaje luminoso al que acecha la oscuridad, con un derroche de generosidad y capacidad interpretativa sobresaliente. Logra dotar a Magda de un relieve dramático, emotivo, sin caer en la sensiblería que por otro lado se vislumbra en algunas partes de la película. Ellas, Magda y Cruz, son lo mejor de Ma ma.

Luis Tosar, Asier Etxeandia y Teo Planell completan el reparto destacado con desigual rendimiento. Mientras que Tosar está inmenso en el papel de Arturo, el ojeador del Real Madrid que se cruza en la vida de Magda cargando su propia tragedia; el ginecólogo interpretado por Etxeandia aporta edulcorante y afectación por partes iguales; y el jovencísimo Planell quizá sea la pata coja. Ya lo dijo Hitchcock, “nunca trabajes con niños ni animales”.

“La muerte es sólo la suerte / con una letra cambiada”, canta Sabina. Ante esta certeza no cabe arrugarse, sino vivir la vida con espíritu epicúreo. Carpe diem. Medem pone todo su arte al servicio de este mensaje vitalista, en homenaje a todas las mujeres que luchan o han luchado contra el cáncer. Como nos dice Magda: “Yo creo en la vida, que es lo único que sabemos, que tenemos”.

Publicado en The Way Out Magazine (10/09/2015)

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