“Langosta”, Vigilar y Castigar

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“¿Ha pensado en qué animal le gustaría transformarse si fracasa en la búsqueda de pareja?”. Es lo que deben plantearse los corazones solitarios si al término del tiempo estipulado por la autoridad competente no han encontrado a su media naranja. Fracaso social, compatibilidad, soledad, moral, son algunos de los temas tratados en esta comedia dramática de socio-ficción.

Langosta sucede en un mundo distópico donde los solteros son recluidos en un hotel durante 45 días con el objetivo de encontrar pareja. Si fracasan son convertidos en un animal de su elección para el resto de sus vidas. En el exterior, solteros fugitivos han creado una comunidad en el bosque, que condena las relaciones afectivas, especialmente las de pareja. David (Colin Farrell) conocerá ambas circunstancias y vivirá un amor furtivo expuesto a la crueldad de un sistema social particular.

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Yorgos Lanthimos presenta una propuesta arriesgada y original en su planteamiento. Ahonda en la disección de las convenciones sociales que rigen nuestro mundo, como ya hizo en la sorprendente Canino (2009), que lo elevó a figura del cine intelectual (del de pensar, vamos) a hombros de amplios sectores de la crítica. Su cine se enmarca en la corriente de análisis culturales posmodernos que triunfa en el circuito de festivales, y en esta ocasión su repercusión puede ser incluso mayor, debido a la internacionalización de la producción y el reparto artístico.

Efectivamente, el director griego ha rodado en Irlanda y ha contado con la colaboración económica de media Europa. Además, las caras de sus protagonistas son bien reconocibles. Colin Farrell en el papel principal cumple a la perfección con un personaje gris, mediocre, que tan sólo brillará cuando se piense enamorado. Rachel Weiz se apunta a todos los proyectos que conlleven el salto al plano internacional de sus directores. Ahí están Meirelles, Amenábar, Sorrentino, Kar-Wai… Y con muchos de ellos acierta. Sin embargo, lo que aporta como partenaire de Farrell en esta cinta no pasa del aprobado. Destacan mucho más Léa Seydoux, Olivia Colman y Jessica Barden en papeles más restringidos.

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En Langosta Lanthimos indaga en la concepción contemporánea de las relaciones amorosas y afectivas tejiendo una historia donde sobresalen las costuras del acuerdo social implícito, de lo deseable y lo repudiado. La exageración de la norma en la ficción es la herramienta que pone al descubierto lo que el sentido común da por sentado, lo que la sociedad real dictamina como bueno o malo.

Desde un punto de vista sociológico, la película haría las delicias del filósofo francés Michel Foucault, gran teórico del control social y las tecnologías del poder ejercidas sobre los cuerpos (Muy recomendable, Vigilar y castigar; 1975). El ecosistema social que presenta la película se divide en tres escenarios. La ciudad como espacio de vida estandarizado y “adecuado”, donde sólo moran parejas; el Hotel es la “institución total” correctora – que diría Goffman, otro sociólogo-, encargada de la re-adaptación de las personas solteras al modo de vida aceptado; y el bosque, un espacio renegado habitado por solteros que se oponen al modelo mayoritario, pero también provisto de un sistema de socialización igualmente estricto. A lo largo del metraje el espectador asiste a momentos orwelianos espeluznantes, rodeados de una capa de humor tan ácido que que la carcajada puede provocar pudor. Precisamente es el tono tenue de comedia de lo absurdo lo que mejor encaja el extravagante relato de Lanthimos. Ahora bien, el fondo es de lo más serio. Párese a pensar el espectador en las correas que rigen sus modos de amar, desear y en definitiva de vivir. ¿Cuáles es el papel de instituciones como la escuela, los medios de comunicación o la familia en nuestra educación sentimental? ¿Somos tan libres como pensamos?

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Langosta no es fácil de digerir, pero deja poso. Habrá quien se la tome al pie de la letra y se indigeste. Sin adentrarse en la profundidad emotiva de Her – tal vez a propósito -, y sin arriesgar formalmente al estilo Dogville, la película se enmarca en ese cine crítico del nuevo siglo que analiza el sustrato de la sociedad. Lanthimos arriesga con un relato metafórico que muchos admirarán como una cumbre artística de la posmodernidad, y otros tantos desdeñarán por disparatado.

Publicado en The Way Out Magazine, 4/12/2015

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