“13 horas”, Héroes de clase trabajadora

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13 Horas: los soldados secretos de Bengasi cuenta la historia real del ataque a la sede diplomática temporal de EEUU en la segunda ciudad más importante de Libia, que acabó con la muerte del embajador Christopher Stevens y varios soldados en septiembre de 2012.

En su duodécima película Michael Bay centra su mirada en los soldados secretos del título, un eufemismo para “mercenarios”, aunque sólo se hace referencia a su condición de empleados por el sector privado discretamente en una secuencia. Lo que engrandece a estos guerreros de fortuna es su compromiso con el trabajo y el sacrificio personal que conlleva. La labor consiste en proteger a personal diplomático y analistas de la CIA en una base secreta, es decir, ilegal.

El director norteamericano compone un retrato hagiográfico de estos hombres, elevándolos a la categoría de héroes frente a un sin fin de enemigos sin rostro. Hay dos mensajes evidentes, poco elaborados. Uno de tipo orientalista, racista: occidentales en un ambiente hostil, constantemente amenazados por una gente de cultura extraña. El colofón viene cuando uno de los soldados supervivientes le espeta a un traductor local que se ha jugado la vida con ellos: “tenéis que arreglar vuestro país”, como si los libios fueran los máximos responsables del caos reinante.

El segundo recado es para la administración estadounidense, por el desamparo al que someten a sus ciudadanos en dicho territorio adverso: en lugar de apoyar a sus espías y funcionarios con tropas recurren a seguridad privada, que por muy experta que sea carece de medios suficientes.

13 HOURS: THE SECRET SOLDIERS OF BENGHAZI

Michael Bay aparca por un rato a los robots (volverá con Transformers 5 en 2017) para contar esta historia épica, repleta de tópicos y cursiladas hasta el aburrimiento. Ni las constantes secuencias de acción la salvan. La factura técnica es innegable, como siempre, pero el contenido es directamente bochornoso. En Internet circulan chistes como el de las servilletas donde el director de La isla escribe los guiones de sus películas; o los vídeos en Youtube que parodian tráilers de cualquier género, imaginando cómo sería Up o Star Wars si los hubiera dirigido Bay (pista: explosiones everywhere). Aún así, con bromas y todo, sus producciones suelen ser muy rentables. Lo cuál habla del tipo de entretenimiento que demanda el espectador medio, y de lo bien que funciona una campaña de marketing bien orquestada. 144 minutos. No son 13 horas, pero ya es bastante. Si el respetable consumidor decide acudir al cine en esta ocasión, que no se olvide las palomitas.

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Publicado en The Way Out Magazine el 27/02/2016.

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