“La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad”

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“Estoy hablando sobre todo para esa gran parte de los hombres que está disconforme, y se queja perezosamente de la dureza de su destino, o de los tiempos que les ha tocado vivir, cuando podrían mejorarlos.” Walden – H.D.T

Decía Winston Churchill que “Toda crisis es mitad un fracaso y mitad una oportunidad”. La palabra “crisis” viene del griego, del verbo kríno, que quiere decir “yo decido, separo, juzgo”. Para muchos españoles de a pie la famosa crisis de 2008, que aún perdura, no es otra cosa que una gran “estafa”. Así lo entendió el movimiento social 15M, que puso en jaque al Estado durante semanas en un ejercicio de desobediencia civil, social y creativa, sin precedentes en España. En la situación de incertidumbre actual es necesario recuperar el espíritu contestatario que albergaron las plazas de mayo en 2011, inspirándose en la figura del filósofo Henry David Thoreau, referente universal para los desobedientes.

“Pues ser un filósofo no consiste en tener pensamientos sutiles, ni en fundar una escuela, sino en amar la sabiduría tanto como la vida que está de acuerdo con sus dictados: una vida de simplicidad, magnanimidad y confianza. Consiste no sólo en resolver teóricamente algunos problemas de la vida, sino, ante todo, en resolverlos en la práctica.” Walden – H.D.T

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¿Dónde están los límites del poder? Orígenes de la desobediencia.

 Esta es una de las preguntas inaugurales de la filosofía política, al considerar las relaciones entre individuo y sociedad. ¿Cómo conciliar la libertad de conciencia individual con las leyes que rigen una comunidad? El cuestionamiento del orden establecido y su método irónico para despertar el espíritu crítico de los atenienses, le costaron la vida a la más famosa de las figuras filosóficas griegas. Sócrates fue acusado de “despreciar a los dioses” y “corromper las almas de los jóvenes”, cargos tras los que se ocultaba la enemistad cosechada entre los gobernantes de la polis griega.

Crítico con la democracia, pero fiel defensor de la obediencia a la ley, el mentor de Platón rehusó salvarse a cambio de moderar su discurso y acató la pena de muerte, poniendo en evidencia la injusticia cometida contra la libertad de expresión. Debido a su manera de obrar, Sócrates es considerado por muchos teóricos como el primer desobediente civil. Sin embargo, no fue hasta varios siglos después cuando se acuñó el término, cerca de la laguna de Walden.

 Henry David Thoreau, una vida con principios.

“El destino de la nación no depende de lo que se vote en los comicios;
no se trata del tipo de papeleta que depositéis en las urnas una vez al año,
sino del tipo de hombre que depositéis en la calle cada mañana.”
La esclavitud en Massachusetts H.D.T

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En 1848 el escritor norteamericano H.D. Thoreau pronunció una conferencia titulada Los derechos y deberes de los individuos en relación al gobierno civil, más tarde editada con el título Desobediencia civil.En este ensayo se considera la legitimidad del poder político ejercido por el gobierno en un contexto democrático, cuando toma medidas manifiestamente injustas. El germen de esta conferencia es el enfrentamiento directo de Thoreau contra el Gobierno de los EEUU, debido a su amparo de la esclavitud y a la guerra imperialista contra México. El ensayista cuestiona la relación entre el individuo y el Estado, poniendo en tela de juicio la autoridad de la ley cuando entra en conflicto con el criterio de justicia que dicta la moral, y expresa el deber de desobediencia cuando las leyes sean injustas.

Thoreau ejerció este “deber” negándose a pagar los impuestos estatales que contribuían a la injusticia, siendo encarcelado brevemente por ello. Este gesto desobediente es la demostración de toda una vida coherente con unos principios antiautoritarios y profundamente humanistas.

Las reflexiones políticas y filosóficas del autor de Walden han inspirado a gran parte de los posteriores movimientos ecologistas y defensores de los derechos civiles, incluyendo a líderes como Mahatma Gandhi o Martin Luther King. Su legado ha florecido una y otra vez al calor de los tiempos de crisis, asociado al recurso de la resistencia civil ante la injusticia. El ciclo actual de protestas ciudadanas a nivel mundial parece haber traído nuevamente la primavera de Thoreau a nuestras plazas.

¿Qué es la desobediencia civil? Una herramienta democrática

El catedrático Ramón Cotarelo la define como “Quebrantar la ley por razones de conciencia sin huir de la pena”. Esto implica cuestionar la legitimidad de una determinada norma y ejercer la resistencia civil, reconociendo la validez del sistema jurídico en su conjunto. Se trata de una acción esencialmente democrática, dado que en una sociedad calificada como tal “el reconocimiento de la supremacía de la ley supone que hay que admitir que una ley puede ser injusta”.

Lejos ya el horizonte revolucionario decimonónico, en las democracias modernas se ha ennoblecido el ejercicio de la desobediencia civil como medio legítimo de oposición política, como consecuencia de las sucesivas conquistas de derechos sociales y el rechazo generalizado de la violencia.

La noción de desobediencia civil es una reflexión sobre los límites del poder. Además de una acción antagonista, entendida en clave politológica o de derecho, concierne al ámbito de la moral. Es una práctica constante de inconformismo e indagación, un deseo de construir alternativas vitales, una actitud transgresora basada en principios sólidos. O como nos anticipó Thoreau, “el fundamento de la libertad”.

2007-2011: El principio de la Historia

“Quien controla el pasado, controla el futuro.
Quien controla el presente, controla el pasado”
1984George Orwell

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En el año 2007 Lehman Brothers, el que era entonces el cuarto banco de inversión de EEUU, entra en una grave crisis financiera. Muchos economistas de reconocido prestigio datan en este momento el inicio de la bola de nieve que provocará una de las mayores crisis sistémicas a nivel mundial que ha conocido la Historia.

En España, a pesar de notarse sus efectos, el gobierno no aceptó el término “crisis” para lo que estaba ocurriendo hasta julio de 2008. En aquel momento se produjo una quiebra en el imaginario de la sociedad española, que ponía punto y aparte a la euforia del desarrollismo y se preparaba para un duro camino de penurias.

Lo que empezó siendo una crisis económica enseguida se convirtió en una crisis política, social e incluso de valores, al no ajustarse las recetas de austeridad que aplicó el gobierno de la nación a las expectativas de una población aceleradamente empobrecida. Aumentaba en la sociedad civil la percepción de que el postulado clásico de cierto modelo económico, encarnado en las polémicas decisiones tomadas por el gobierno, era esencialmente injusto y que la forma en que se pretendía atajar la recesión no beneficiaba a la mayoría de los ciudadanos.

Esto se reflejó en un incremento de la conflictividad social y entre los diversos actores políticos y sociales, marcando la pauta de un ciclo de protestas y represión que tensaba las relaciones individuo-Estado. O lo que es lo mismo, se cuestionaba el contrato social, el marco de convivencia de un Estado de Derecho que debe velar por las libertades y derechos fundamentales de la sociedad que lo forma.

Se puede afirmar que un punto álgido de este ciclo que abarca los últimos siete años se encuentra en los hechos ocurridos a partir del 15M. Desde nuestro punto de vista importa recordar que el 23 de mayo de 2011, durante la jornada de reflexión previa a las Elecciones municipales, se produjo uno de los actos de desobediencia civil más multitudinarios de la democracia en España. Más de 20.000 personas se reunieron a las doce de la noche convocados a un “grito mudo” con las manos en alto, santo y seña del movimiento, desacatando la prohibición de la Junta Electoral.

Se trata de un acto performático inspirador.

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Arte político: poder y contrapoder.

“Que no se me diga que espere para conocer los buenos resultados. Me basta con conocer los buenos comienzos. El resultado final nunca se alcanza y ya es demasiado tarde para comienzos eternos.”  Contra los reformadores – H.D.T

“Todo arte libre, renovador e investigador, todo arte que quiere hacerte reflexionar sobre la realidad, tiene en su raíz un carácter político y pedagógico”, dijo el artista español Rafael Canogar. Afirmaba así el potencial transformador del arte, su voluntad dialéctica y carácter polémico, pero también alertó de su estrecha relación histórica con el poder: “hasta épocas muy recientes, ha sido casi siempre un encargo del poder, político o económico, del eclesiástico, de la burguesía, de las academias, etc.”

El arte contemporáneo no se libra de tal misión en muchos casos, sólo que ahora los patrocinadores son corporaciones e instituciones, públicas o privadas. Pero la transición hacia las democracias modernas, hijas de la Revolución francesa (1789) y la Independencia de EEUU (1776), permitió la proliferación de voces discordantes, reflejándose también en la expresión artística con la diversificación de técnicas y temas. “Paralelamente a las conquistas sociales, el artista consigue cierta libertad para exponer sus obras en el nuevo mapa social del XIX. Obras de arte de denuncia contra los dictados del poder opresor y despótico, ideológicamente exclusivo y violento que impone criterios estéticos, y nace así el concepto de arte político”, recuerda Canogar. Por primera vez la clase obrera y el punto de vista de los desfavorecidos fueron sujeto de interés, en los pinceles de artistas libres que se convirtieron en portavoces del descontento y de la protesta.

La desobediencia a los cánones tradicionales significó el inicio de una nueva función social del arte, como altavoz de la disidencia. Desde entonces, práctica política y artística se han asociado a menudo para incidir en la esfera pública, con discursos críticos y alternativas emancipadoras producidos desde entornos a veces cercanos al “mundo del arte” y otras totalmente alejados de sus fronteras. En el contexto histórico actual, caracterizado por la prevalencia absoluta de la imagen en la composición del imaginario social y por el poder de asimilación cultural del capitalismo, el arte político está protagonizado por un activismo creativo frecuentemente vinculado a los nuevos movimientos sociales, y por artistas desobedientes influenciados por una amalgama de sensibilidades teóricas y artísticas que van desde las vanguardias históricas, el Arte conceptual o el Situacionismo, hasta los Estudios culturales y el movimiento contracultural surgido en los años 60 y 70 del pasado siglo XX.

Pero ya en 1944, el genio malagueño Pablo Picasso había declarado el origen de lo que llamamos un creador desobediente: “¿Qué cree usted que es un artista?, ¿un imbécil que no tiene nada más que ojos? Un artista es, al mismo tiempo que artista, un ser político, constantemente en vilo ante los desgarradores, ardientes o dulces, acontecimientos del mundo.” Este estado de vigilia, unido a su voluntad transformadora, conducen al artista a la práctica cultural desobediente, formulada como intervención estético-política sobre la realidad.

Más allá de ser espejo de la realidad, la tarea urgente del arte desobediente es ser el martillo brechtiano que le dé forma. “La acción que se acomete desde los principios, la percepción y la realización de lo justo, cambia las cosas y las relaciones; es esencialmente revolucionaria y suele discrepar de lo establecido. No sólo divide Iglesias y Estados, también divide familias e incluso divide al individuo, separando lo que en él hay de diabólico de lo divino”, afirmó Thoreau en su ensayo Desobediencia Civil.

“Porque somos más libres de lo que creemos, y no porque estemos menos determinados, sino porque hay muchas cosas con las que aún podemos romper para hacer de la libertad un problema estratégico, para crear libertad. Para liberarnos de nosotros mismos”.
Tecnologías del YoMichel Foucault

Gerardo Silva – Curador de la muestra.

Texto escrito con motivo de la exposición “Esperando a Thoreau: Expresiones desobedientes”, que tiene lugar en la Sala Amadís del Instituto de la Juventud, en Madrid, del 16 de septiembre al 5 de noviembre de 2016.

Publicado en Carátula. Revista Cultural Centroamericana. nº 74 (octubre 2016).

 

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