“Hedi”, Una encrucijada ante el futuro

Túnez, diciembre de 2010, un hombre desesperado se inmola ante las autoridades como acto de protesta definitivo. Su nombre era Mohamed Bouazizi. Es el estallido de un motín del pan en toda regla, el primer brote de las Primaveras Árabes. Años después, conocemos distintos desenlaces de aquellas insurrecciones, producto de circunstancias, intereses y empujes diferentes. En el caso de Túnez, se podría decir que su transición democrática fue uno de los procesos más “tranquilos”, teniendo en cuenta el entorno. Sin embargo, amplias capas de la sociedad no vislumbran ese horizonte ilusionante de posibilidad que toda revolución promete. Tal es la situación de Hedi, el protagonista de la primera película del director tunecino Mohamed Ben Attia.

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Se trata de un chico de 25 años, atrapado en un trabajo que odia – comercial en un concesionario de coches – y en un compromiso de matrimonio arreglado entre familias. En un viaje de trabajo a la costa conoce y se enamora de Rym, una nómada forzadamente cosmopolita, animadora del turismo europeo en hoteles diversos. Una encrucijada ante al futuro. Dar o no el salto, hacer o no la revolución.

Hedi nos habla del vacío existencial de su protagonista, tensionado entre la cultura tradicional que ordena la vida de los miembros de su comunidad de acuerdo a determinados valores, y la huida hacia un modelo alternativo, pero también incierto, en el que prima la libertad individual para perseguir los sueños. La lectura de la historia como metáfora del Túnez otoñal, joven y desamparado, es lo más interesante del film. Un guión sencillo y sin aristas lo permite; por la misma razón el libreto no profundiza en sus personajes, lo que se intenta suplir con una puesta en escena muy al estilo Dardenne (no en vano los hermanos belgas son los productores de la película): planos cortos, en movimiento, casi a hombros de los personajes. Se echa de menos el punto de vista femenino en el argumento. La novia obediente, la madre controladora, pero sobre todo Rym, son personajes especulares para Hedi. Si se narra una relación amorosa, una revolución íntima, qué menos revolucionario que hacerlo únicamente desde el prisma masculino.

La película ha gustado mucho en el circuito de festivales europeos, por supuesto. Oso de plata para Majd Mastoura (Hedi) y el premio al mejor debut para Ben Attia en Berlín. No obstante, no parece que vaya a ser inolvidable: ni por los diálogos, ni por unas actuaciones sinceras pero tampoco deslumbrantes, ni por muchas escenas memorables; salvo quizá por una extraordinaria escena final, en la que el miedo legítimo que sentimos los seres humanos ante lo desconocido puede dar lugar a una tercera vía en la encrucijada.

Publicado en The Way Out Magazine el 16 de febrero de 2016.

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