“El nacimiento de una nación”, La verdadera historia de EEUU

La esclavitud no es una mancha en la historia de Estados Unidos, es la historia de Estados Unidos” proclamó en rueda de prensa una de las actrices del reparto de El nacimiento de una nación. Efectivamente, el desarrollo económico de EE.UU., como el de las potencias de la vieja Europa previamente, no se entiende sin la explotación y la esclavitud. He aquí el origen del capitalismo y la globalización. Lo explicó muy bien el uruguayo Eduardo Galeano en aquella necesaria lección de Historia llamada Las venas abiertas de América Latina. El debutante Nate Parker no llega a tal categoría, pero sí suma a la denuncia universal de la barbarie con su terrible retrato de la esclavitud.

El nacimiento de una nación está basada en la historia real de la rebelión de Nate Turner, un esclavo instruido y convertido en predicador, que fue utilizado como antídoto contra las ansias de insurrección hasta que él mismo estalló contra sus amos, liderando la revuelta.

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La película golpea inmisericorde la sensibilidad del espectador, expuesta a todas las violencias que imagina perfectamente, sin más filtro que sus propios párpados cerrados. Y está bien que así sea porque, a pesar de que pueda incurrir en cierta estetización, sólo la exposición directa a la cruda verdad de la tortura puede evitar el riesgo de que se banalice. Recordamos aquí los didácticos y espeluznantes pasajes de la novela de Isaac Rosa El vano ayer, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol madrileña.

Viendo el film de Parker es inevitable acordarse de 12 años de esclavitud de Steve McQueen, aunque pueda parecer injusto, ya que cuentan historias diferentes. Sale perdiendo en la comparación. Allá donde McQueen elaboró una narración elegante, visualmente poderosa y una lectura política profunda; Parker incursiona con vehemencia – quizá con la ambición poco disimulada de la trascendencia -, repitiendo un esquema efectista y melodramático puede que incluso conveniente en la intención de dejar al espectador en estado de shock.

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Lo mejor de The birth of a nation ocurre en su primera mitad: la ambientación y puesta en escena de los personajes principales; la historia de amor como salvación del alma; la educación y la Biblia como herramientas revolucionarias. Después se va desinflando con un último tercio estilo Braveheart, que no colma los deseos de revancha, y que tampoco acierta con el tono épico. Se trata pues de una película destinada a agitar conciencias, pero que abusa de grandilocuencia sin demostrar recursos originales.

Publicado en The Way Out Magazine el 17 de febrero de 2016.

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