“Psiconautas”, Navegando los infiernos

El término “psiconauta” se atribuye al escritor alemán Ernst Jünger, quien lo utilizó en su ensayo Enfoque: drogas y embriaguez (1970) para describir la experiencia con estas sustancias. Se asocia a la exploración de la condición humana a través de la alteración de la conciencia. Nombres como Thomas de Quincey hasta Aldous Huxley, pasando por Baudelaire, han sido considerados cercanos a la psiconáutica. Los “navegantes de la mente” examinan la realidad desde un prisma totalmente alternativo.

Eso es lo que nos proponen Alberto Vázquez y Pedro Rivero en este proyecto de largo recorrido – primero novela gráfica, luego cortometraje animado y finalmente culminado en este largo –, un viaje psicodélico a los males profundos que hieren de muerte a nuestra sociedad. Psiconautas narra la huida del infierno en vida en que se ha convertido el mundo para dos adolescentes, tras una catástrofe ecológica que encarna la más absoluta decadencia de la humanidad. En la fábula, Birdboy es el antihéroe consumido por las drogas como vía de escape y Dinki la que emprende la odisea hacia lo desconocido junto a sus mejores amigos, anhelando que el chico pájaro se les una. Cine de animación para adultos, serio y difícil de digerir.

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El escenario insular post-apocalíptico, la metáfora perfecta del desamparo, es presentado en los primeros minutos con extraordinaria limpieza narrativa, sobre todo en comparación con lo que se avecina. Los efectos psicotrópicos se empiezan a percibir en los siguientes compases, con la presentación de los diversos (muchos) personajes. La estructura argumental se sostiene sobre el curso del viaje de los protagonistas, pese a los bandazos a la que es sometida por los flash-backs explicativos y alguna subtrama paralela. Se abordan muchos (demasiados) temas: desde el acoso escolar, la desestructuración familiar o la enfermedad mental; hasta la adicción a las drogas, la obediencia ciega y la lucha más básica por la supervivencia.

El tono de la película – sus diálogos y situaciones – es lo más apartado de convencionalismos, pretendidamente provocador, rocambolesco a veces. A los veinte minutos de película el espectador psiconauta ya está inmerso en plena psicodelia, con consecuencias impredecibles. Puede convertirse en un “mal viaje”, como se conoce en el argot, o provocar desconexión y aburrimiento a un público no especialmente receptivo. Pese a conseguir una atmósfera inquietante (ni un pero, más bien loas, al mundo estético desplegado), no se advierten giros brillantes en la historia – caracteres sorprendentes, parlamentos deslumbrantes, algo que deje huella – que justifiquen tanto aparataje metafórico y tanta voluntad de trascendencia. La sensación inicial de sorpresa se diluye en un universo complejo explicado con insuficiente calidad.

Tal vez las sucesivas adaptaciones y ampliaciones de la trama original que alumbró Vázquez en la novela homónima de 2006 no le han sentado del todo bien a Psiconautas. Puede que la medida adecuada fuera el cortometraje Birdboy, con el que ganaron el Goya en 2012. En cualquier caso, la mirada de Rivero y Vázquez es original y poderosa visualmente, siendo reconocida por la Academia con un nuevo Goya. Parece que cierran ciclo y preparan sus próximos proyectos por separado. Se les esperará con curiosidad y con cautela.

Publicado en The Way Out Magazine el 23 de febrero de 2016.

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