“El bar”, Huida hacia delante

Nueve de la mañana. La misma rutina de siempre en el bar: la tele puesta, los cafés, las porras, la plancha humeando para el primer pepito de ternera. Y de pronto, Fulanito, viejo conocido del barrio, entra dando voces en el local. La dueña lo calma enseguida, ante el sobresalto de los clientes más o menos habituales, entre ellos Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. El director vasco y su coguionista de siempre son asiduos a El Palentino, uno de los bares castizos con más solera de Madrid, y la anécdota que cuentan a la prensa en la última Berlinale está en el origen de su nueva película.

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El bar se convierte en el refugio y la cárcel de un grupo heterogéneo de personas cuando un misterioso francotirador acaba con la vida de los dos clientes más recientes en la propia entrada del establecimiento. El miedo, primero a la amenaza externa y pronto combinado con la desconfianza hacia el de al lado, es el motor de esta historia de lucha por sobrevivir.

De la Iglesia es uno de los directores con más talento del cine español actual. Su sello personal es fácilmente reconocible y le procura legiones de fans: factura técnica impecable, poderío visual, dominio de la escena, ritmo desenfrenado, repartos corales, esperpento, comedia negra. Todo eso está en El bar, pero no en las proporciones adecuadas, e incluso algunos ingredientes parecen adulterados. El cóctel está demasiado cargado. Un planteamiento inicial atractivo, presentado por una primera escena rodada con la destreza marca de la casa, pronto se derrumba víctima de los vicios de su creador. A saber: sucesión de escenas repletas de gags no siempre inspirados, in crescendo en lo disparatado de las situaciones hasta un final pobre sin paliativos; insistencia en lo escatológico como recurso cómico y de ambientación; personajes esperpénticos sin mucho recorrido.

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Se extraña al director de El día de la bestia, 800 balas y especialmente de la La comunidad, prima aventajada de la presente obra, donde el retrato misántropo de la sociedad sí era espeluznante y descojonante de verdad. El propio De la Iglesia ha reconocido en diversas ocasiones que su cine se basa en una huida del aburrimiento, lo cual es un fin muy loable, y que lo suyo sería hacer películas dadaístas, como aquella inaugural y tan sugestiva Mirindas asesinas. Pero esto no exige pasarse de revoluciones. No le ocurre, desde luego, a uno de sus referentes personales, que lo es también del cine español y del surrealismo: Luis Buñuel. Inevitable pensar en el probable homenaje a El ángel exterminador. También suele decir el director de Balada triste de trompeta que no hay una intencionalidad política preconcebida en sus películas, aunque es obvio que la crítica social le sale natural. Otra cosa es que unas veces sea colateralmente más incisiva y otras más inocua. En El bar esta consideración política del miedo social se diluye rápidamente en el maremágnum de violencias y suciedades, sin mayor hondura que el mensaje retrógrado hobbesiano de “el hombre es un lobo para el hombre”.

No obstante, no hay tiempo para lamentarse. Próximamente llegarán a los cines los próximos proyectos de Álex de la Iglesia. Como productor de Pieles, el debut en la dirección del joven Eduardo Casanova, y nuevamente dirigiendo Perfectos desconocidos, con Belén Rueda y Eduardo Noriega entre otros. Esperamos un pronto reencuentro con la mejor versión de este admirable creador.

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Publicado en The Way Out Magazine el 24/03/2017.

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