“La comunidad de los corazones rotos”, Crónicas de extrarradio

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Isabelle Huppert en “La comunidad de los corazones rotos”

La primera vez que muchos oyeron hablar de la Banlieue parisina, de la realidad social de los suburbios del extrarradio capitalino, fue con la película de Mathieu Kassovitz El odio (1995). Aquel clásico moderno del cine francés describía con descarnado realismo en blanco y negro, la situación cotidiana de exclusión que vive una importante capa de la sociedad; formada en su mayor parte por jóvenes franceses de segunda generación, abandonados a su suerte por el Estado y sin perspectivas de futuro más allá de la precariedad o la delincuencia. Lo que Kassovitz contó a sus compatriotas, y por extensión al mundo, es que la marginación, la criminalización y la indiferencia están generando convulsiones cada vez más fuertes en el tejido social, que conducen inexorablemente al estallido.

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La Haine (Mathieu Kassovitz, 1995)

La siguiente ocasión en que el mundo supo de las banlieue fue en 2005, con la revuelta social que las incendió durante semanas, y esta vez nos acordamos de El odio, un rato, pero nuevamente el olvido apagó todas las alarmas. El relato de los medios de comunicación, acomodado en la superficie, en la caricatura violenta de las periferias, no gustó al otrora vecino de Champigny-sur-Marne, Samuel Benchetrit. El novelista y cineasta francés se propuso entonces narrar otra cara de los suburbios, aquella que conocía bien porque constituía su infancia y juventud. Nace así el proyecto autobiográfico Las crónicas del asfalto (que ya va por el tercer tomo), en el que novela la vida cotidiana del que fue su vecindario, huyendo del estereotipo dominante sobre las banlieue.

La comunidad de los corazones rotos es la libre traslación al cine que el propio Benchetrit ha realizado de algunas de sus crónicas. Tres historias, que no se cruzan en ningún momento, de un bloque de apartamentos en un barrio cualquiera de clase trabajadora. Cada una contempla a una pareja de solitarios que se encuentran y reconocen: un lisiado tacaño y una enfermera de noche; una actriz madura venida a menos y un adolescente sin referentes adultos; una madre árabe cuyo hijo está en la cárcel y un astronauta americano extraviado.

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El resultado es un cuidado mosaico cuasi abstracto de relaciones interpersonales, que tienen en común la llamada de auxilio y el socorro mutuo ofrecido por verdaderos náufragos sociales, en un entorno francamente alienante y deprimente. Sin embargo, la ironía desenfadada en el tono empleado por Benchetrit complementa y compensa los ambientes gélidos que habitan los personajes de la película, subrayando los elementos cómicos del drama. Este recurso sirve para que el espectador se aclimate en un universo profundamente triste y cargado de poesía, que al final deja un sabor agridulce. En el sobresaliente reparto coral, destaca Isabelle Hupert – como no -, que literalmente es capaz de dejar boquiabierto al personal haciendo brillar de nuevo a una actriz sumida en la decadencia.

Aunque el retrato urbano que ofrecen El odio y La comunidad de los corazones rotos aparentemente tienen poco que ver – la mirada socio-política y realista de Kassovitz versus la perspectiva psicológico-poética de Benchetrit -, es curioso observar algunos elementos comunes que ayudan a entender ese espacio geográfico y social tan singular que son las barriadas proletarias del extrarradio (de París, o de cualquier otra gran capital). Uno de ellos es la brillante metáfora que en cada caso explica la periferia como un planeta extraterrestre (la historia del astronauta en La comunidad de los corazones rotos) o una exótica reserva salvaje (la escena de los reporteros preguntando desde el coche en El odio) a ojos del ciudadano medio. El otro, esos adolescentes ninis esperando a la nada, que funcionan como sutil hilo conductor en la película de Benchetrit, y que protagonizan la de Kassovitz.

La comunidad de los corazones rotos es una buena película de personajes, que transmite emociones poderosas y permite al espectador asomarse a una ventana-espejo donde reconocerse. La crítica social es tenue. Si quiere saber algo sobre la banlieue vea El odio.

giphy

Publicado en The Way Out Magazine el 10/03/2017.

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