“Locas de alegría”, Cordura feminista

En El capital humano (2013), la extraordinaria película precedente de Paolo Virzì, una esposa de la alta sociedad es carcomida por el remordimiento, atrapada en el cómodo papel de florero, cómplice del expolio económico. En Locas de alegría, el nuevo trabajo del director toscano, aquella señora de Bernaschi se transforma en Beatrice, una deslumbrante desequilibrada mental expulsada del olimpo de la aristocracia italiana. Una inpiradísima Valería Bruni Tedeschi interpreta a ambas mujeres, apoyando decisivamente la continuidad entre ambos personajes. Logra que imaginemos la locura como una suerte de catarsis, que opera una feliz metamorfosis en un miembro de la casta. Pero no es esa la clave, lo es la sororidad entre dos mujeres.

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Beatrice es clasista, lenguaraz, manipuladora y racista. Presume de contactos en la altas esferas. Las mismas que la dejaron caer cuando se le fue la olla, de tanto ser utilizada por los suyos y sobre todo por hombres (su marido, su amante, su abogado…). Vive en un sanatorio mental para mujeres, una villa en el campo, atendida por trabajadores sociales y médicos. Allí va a parar Donatella (Micaella Ramazzotti), una personalidad antitética a Beatrice: una joven tatuada e introvertida, de clase trabajadora, una madre suicida separada de su retoño. La amistad que surge entre ellas y el viaje que emprenden juntas, en el que enfrentarán sus pasados traumáticos, son el meollo de la estupenda película de Virzì.

El director de La prima cosa bella (2010) vuelve a demostrar un notable estado de forma creativo, muy sugerente, trazando un retrato de la sociedad italiana contemporánea desde el punto de vista desobediente de la locura, en muchos casos (y sobre todo en el de las protagonistas) un producto de la propia sociedad. Aborda el drama con su estilo habitual, la comedia, llevando al espectador de la mano de Beatrice y Donatella en una road movie de contrastes entre los ambientes de la opulencia y los lugares de recreo de la clase trabajadora.

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No es necesario y no se van a citar aquí los parentescos de Valería Bruni Tedeschi y Micaella Ramazzotti para destacar sus espléndidas interpretaciones en la película, como tampoco a nadie se le ocurre apuntar la relación de hermandad entre Paolo y Carlo Virzì, el autor de las meritorias bandas sonoras. En cambio, sí es interesante volver sobre la crítica más tangible que hace la película, a las instituciones psiquiátricas. Se oponen aquí el ambiente sórdido y carcelario del manicomio ciudadano donde encierran a Donatella, con el modelo semi abierto e integrador de la residencia en la campiña, en el que la convivencia es verdaderamente posible.

Como señalamos al inicio, lo que realmente hace carburar Locas de alegría es la extraordinaria conexión entre sus dos protagonistas. La alianza que se establece entre estas mujeres, a priori tan distintas, parte de la mutua empatía ante un mundo patriarcal que las sojuzga, superando otras diferencias personales y de clase. La obvia referencia a Thelma & Lousie, descapotable incluido, no es baladí, y por supuesto, el film pasa el Test de Bechdel. Quizá no sea el necesario alegato feminista que muchos desearían, pero desde luego la última ganadora de la Espiga de Oro de la Seminci respira vitalismo e igualdad por los cuatro costados. No se la pierdan.

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Publicado en The Way Out Magazine el 17/03/2017.

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