[Entrevista] Gabriel Pérez-Barreiro: “Ampliar el conocimiento es una misión y un reto, es donde tenemos que estar”

Un sábado a media mañana, apresuro el paso para llegar puntual a la cita. Una apretada agenda de entrevistas manda. Me interno en el Patio Nouvel, dejo a mi derecha Brushstroke (Pincelada) – la impresionante escultura de Roy Lichtenstein – y finalmente llego al modernísimo Café Nubel. Nos encontramos en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid, el más importante de España en arte contemporáneo. He quedado con Gabriel Pérez-Barreiro, Director y Curador jefe de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (Nueva York/Caracas), que ha curado junto a Michelle Sommers la exposición Mário Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma, para este museo. Conversaremos, por supuesto, sobre el eminente pensador y crítico brasilero al que se dedica la muestra, pero también sobre la labor curatorial, compromiso político, el arte latinoamericano como fenómeno mainstream o su próximo reto como curador de la 33ª Bienal de Sâo Paulo.

Gabriel Pérez-Barreiro

Gabriel Pérez-Barreiro

La bio de Gabriel Pérez-Barreiro en el sitio web de la Colección Cisneros dice así: “La línea de tiempo de Gabriel se ve algo así: La Coruña-Londres-Aberdeen-Colchester-Madrid-Nueva York-Austin-Porto Alegre-Nueva York. En el camino consiguió una maestría en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Historia del Arte Latinoamericano. Fue fundador y curador de la colección de arte latinoamericano de la Universidad de Essex, director de artes visuales en The Americas Society, curador de arte latinoamericano en el Blanton Museum of Art de la Universidad de Texas en Austin, y curador en jefe de la sexta Bienal de Mercosur en Porto Alegre. Escribe cuando puede, enseña cuando no, y duerme poco”.

Ante semejante trayectoria internacional, la curiosidad se dirige en primer lugar a los orígenes de este coruñés de 47 años, a cuáles fueron los hitos que determinaron los comienzos de su carrera profesional. Sorprende el desamor inicial y la feliz reconciliación posterior con las artes plásticas.

“No tenía nada claro que quisiera dedicarme a las Artes plásticas. En la escuela era pésimo dibujando y en todo lo que tenía que ver con las artes. Siempre suspendía y pensaba que no me interesaba nada. Por suerte, a los 16 años tuve un excelente profesor de Historia del Arte que me hizo entenderlo y apreciarlo. En cambio, la Historia y la Literatura siempre me han interesado, y en especial el desarrollo latinoamericano en estos campos, mucho más que el español, que era mi propia cultura.” Otro momento decisivo tuvo lugar en el Río de la Plata. “Con 21 años fui por primera vez a Buenos Aires y vi una exposición de Gyula Kosice en el Museo Nacional de Bellas Artes que siempre digo me cambió la vida. Salí de allí sabiendo hacia dónde dirigiría mi vida”. También recuerda con cariño su paso por Madrid, en la Casa de América, donde tuvo la oportunidad de tener un contacto muy fructífero para su formación con grandes figuras del arte latinoamericano, como Luis Camnitzer, Gerardo Mosquera, Ticio Escobar o Virginia Pérez-Ratton entre otros.

Su periplo por EEUU lo ha llevado a dirigir en la actualidad la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC), una de las más importantes del mundo de arte latinoamericano. Es al frente de esta institución donde su labor como gestor cultural se ha intensificado. Indagamos en el tránsito entre los roles académico, curatorial y de gestión que ha sabido conjugar Pérez-Barreiro.

“Hay momentos en que tienes que elegir, por ejemplo, si quieres llevar una vida académica o no. Sin embargo, la curaduría tiene una característica particular, involucra una labor académica y otra muy importante de gestión. Esta segunda cuestión debería estar presente en los cursos de formación para curadores, porque ahora mismo se aprende a los golpes y eso hace daño al proceso. Bastaría con unos principios básicos, puede ser gestión empresarial, no importa. Yo tengo un secreto escondido: me encantan los libros de management que se encuentran en los aeropuertos. Me los compro antes del vuelo y los tiro a la basura cuando llego, para que nadie me vea.

Es muy interesante ver cómo se ha pensado la psicología del trabajo. Por qué la gente trabaja, cuál es su relación emocional, espiritual con eso. Yo veo que la gestión cultural se aprende a base de golpes y es muy sufrida. Se percibe como un fastidio, algo que te bloquea de eso que de verdad deberías estar haciendo. Un daño colateral. En la curaduría, si no te interesa toda esa parte de interacción humana, de gestión de equipo…es muy difícil.

En la Sexta Bienal del Mercosur, en Porto Alegre (2007), tuve la ventaja de trabajar con un muy buen presidente, Justo Werlang. Es un hombre con mucha sabiduría de gestión, muy creativo en esas cuestiones. Me dijo, mira Gabriel, vamos a empezar un proceso con 5 empleados y cuando esto se inaugure va a haber 600 empleados directos y 1.200 indirectos. Es un proyecto que básicamente es como una explosión contenida. El éxito o fracaso del proyecto tiene que ver con cómo nos posicionamos ante ese hecho. Nunca nadie me lo había explicado con esa claridad. Además de pensar el proyecto hay que pensar la personas, las energías y los contenidos. Por qué la gente está ahí y qué los motiva. Por qué van a hacer un mejor o peor trabajo. Súper interesante, aprendí mucho con él. Ahí le tomé el gusto a ese tipo de tarea, de formar equipo, tratar de identificar las fortalezas y potencialidades de las personas que te rodean. Y después de eso me puse más en el lado de la gestión, en el sentido de que no buscaba oportunidades curatoriales necesariamente para mí, sino más para otros. El cargo que tengo ahora en la colección Cisneros es así. A veces entro en la tarea curatorial si veo que el proyecto lo necesita, pero por lo general no lo necesita. Nuestra política es activar la colección a través de la mirada de los otros.”

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Patricia Phelps de Cisneros.

En mayo de 2014, el director de la Colección Cisneros publicó un artículo titulado “¿Misión cumplida?”, en el que observaba las transformaciones habidas en los últimos años en el circuito del arte en relación a la percepción del arte latinoamericano, y se preguntaba por los nuevos retos en el horizonte. Le devolvemos la pregunta que se hacía entonces y le pedimos que nos explique el papel de la Colección en este nuevo contexto.

“Cuando Patricia (Phelps de Cisneros) me llama para dirigir la Colección, ella misma me dice que buena parte de lo que se plantearon cuando la crearon se está cumpliendo ahora. Ya no existe la discriminación que había por parte del establishment hacia el arte latinoamericano. O si la hay es más compleja de entender. El reto como institución es ver cómo seguimos cumpliendo una función. Si insistimos en lo mismo, eso se vuelve contraproducente. Hay una buena crítica que dice que lo que hemos hecho es reemplazar un estereotipo por otro: Antes el arte latinoamericano era todo folclórico, figurativo y político; y ahora todo es geométrico, racionalista… Ahora es algo mainstream. Pero creo que no ha habido tal sustitución, creo que se ha ampliado el campo.

El reto es pensar otras maneras de acercarse a ese material, del cual por un lado también tenemos una responsabilidad. Por ejemplo, este proyecto sobre Mário Pedrosa, es una manera de revisitar la modernidad brasilera de una manera mucho más amplia. Aquí están Oiticica o Clark, pero también están Guignard, Pancetti o Ismael Nery, que aquí son muy desconocidos y en la exposición les damos la misma importancia. Otro ejemplo, uno de los motivos de la reciente donación al MoMA es que esas obras se pueden re-contextualizar eternamente en esa colección, porque han entrado en un lugar con millones de obras que son sus posibles hermanos. El trabajo de ampliar el conocimiento es una misión, y es un reto, es donde tenemos que estar.”

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Mário Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma es el título de la muestra que curan Gabriel Pérez-Barreiro y la brasileña Michelle Sommer, Doctora en Historia, Crítica y Teoría del Arte, para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), en Madrid. Curadores e institución pretenden con esta exposición recuperar la figura de uno de los pensadores y críticos de arte brasileros más importantes del siglo XX. Pérez-Barreiro nos cuenta cómo se gestó el proyecto curatorial.

“No fue idea mía. Surgió tras finalizar el proyecto de La invención concreta, un intento de relectura de nuestra propia colección (exposición que tuvo lugar en el MNCARS en 2013), que fue un verdadero esfuerzo colaborativo, en el que aprendí mucho de la visión de Manolo (Manuel Borja-Villel, director del museo) y creo que él de la nuestra.

El museo tiene una línea expositiva centrada en pensadores relevantes (Aby Warburg, Carl Einstein…) y querían hacer una muestra sobre un pensador latinoamericano. Cuando me propuso este proyecto sobre Mário Pedrosa le dije “te confieso que tengo un conocimiento muy superficial, lo cito, pero como mucha gente que tiene un conocimiento superficial, pero me encanta el desafío porque así me obliga a estudiar y a entenderlo un poco mejor”. Invité a Michelle Sommer a que me acompañara. Vive en Brasil y es investigadora, así que tenía más acceso a las fuentes y pudimos desarrollar el proyecto. No lo tenía en la mente, no me podía imaginar nada. Lo bonito es que fue un proyecto de investigación que generó su propia estructura curatorial. Lo que tenemos ahora, 11 salas, surgió a mitad de camino. Empezamos primero a estudiar. Leímos todo. Vimos los archivos de Pedrosa, que están muy bien organizados allá en Brasil, hablamos con la familia. Un trabajo de archivo hasta sentirnos ya formados. ¿Cómo vamos a hacer esto? Hipótesis, me encanta trabajar así. Desde la contemporaneidad, desde la palabra… el museo también tiene sus opiniones en este proceso. Así llegamos a esto: Vamos a tratar de hacer una historia del arte moderno como podría haberla contado Mário Pedrosa. Vamos a usar su estructura teórica, de la diversidad y la simultaneidad de los fenómenos, y de la relación afectiva y a ver si eso nos da una estructura para contar una historia diferente.”

El curador destaca la valentía del MNCARS apostando por un crítico desconocido en España, por un proyecto que nace desde cero, estableciendo un equilibrio de oferta cultural entre el “blockbuster” del momento (en referencia a las largas colas para ver Piedad y Terror en Picasso. El camino a Guernica) y propuestas más experimentales pero de vital importancia, como es el caso de Mário Pedrosa, en la historia latinoamericana.

Mario Pedrosa in his appartment in Rio. Circa 1959 © LUCIANO MARTINS

Mário Pedrosa en su apartamento de Río de Janeiro.

Mário Pedrosa (Pernambuco, 1900 – Río de Janeiro, 1981) fue un destacado intelectual de izquierda, profundamente comprometido con su tiempo, y sin embargo una rara avis en el panorama político y social de la época caracterizado por la beligerancia perpetua y la ortodoxia instrumental. Su defensa de la autonomía del arte con respecto a la política, rechazando su uso panfletario, no era entendido por gran parte de la izquierda. Pedrosa también fue a contracorriente en la batalla de los “-ismos” de las vanguardias artísticas, con su visión horizontal y tolerante sobre el arte.

Conversando con el curador se contagia la admiración por la gran personalidad del pensador brasileño (“No deja de hacer su trabajo político, pero a la vez empieza a desarrollar todo un pensamiento que tiene que ver con defender la libertad del arte. Lo que él llama el ejercicio experimental de la libertad”). Alguien capaz de soportar dos exilios y volver con la energía suficiente para fundar con 80 años el Partido dos Trabalhadores (PT) junto a Lula Da Silva. Inevitablemente, llegamos al territorio de la política-ficción ¿Qué hubiera dicho Mário Pedrosa sobre el mundo en que vivimos hoy? “No hubiera sido un activista de Facebook, sino uno de verdad”, contesta mi interlocutor.

En 2018 tendrá lugar el próximo gran proyecto de Gabriel Pérez-Barreiro: será el curador de la 33ª Bienal de Sâo Paulo. Siguiendo el espíritu de Pedrosa – que estuvo en los inicios del encuentro artístico – Pérez-Barreiro impone la pausa y la reflexión a la hora de abordar esta empresa. No hay nada decidido, pero la meditación sobre el “sistema operativo” del arte contemporáneo, tan inamovible en los últimos decenios, le hace plantearse su agotamiento. Sin duda, la influencia del crítico brasilero volverá a notarse en Sâo Paulo.

Como despedida, y por si no ha sido suficiente aliciente la última hora de charla en el bullicioso Café Nubel, le pedimos a Gabriel que resuma para el espectador de a pie porqué debería visitar esta exposición.

“Trataría de no ser prescriptivo, no decirle a la gente lo que tiene que hacer. Creo que Pedrosa es un personaje del que podemos aprender mucho. Nos propone la cuestión de la relación afectiva. Si alguien viene y puede establecer esa relación con alguna o algunas de las 200 obras que componen esta exposición me doy por más que satisfecho. Espero que la muestra ofrezca un abanico amplio.

Lo que más me gustaría es que se disfrute la sala de lectura, al final de la exposición. Algo con lo que estoy especialmente contento es que por primera vez se traduce a Pedrosa al castellano. Era una deuda pendiente que se tenía con él. Por eso no es más apreciado. Él conocía muy bien la realidad latinoamericana, vivió en Chile, en México. Es una pena que los intelectuales no tuvieran acceso a sus textos. Además, como escritor, Pedrosa tenía una manera de comunicar muy sencilla y cálida. Es un placer leerlo, consigue comunicar cuestiones que resuenan en todos nosotros.”

Publicado en Carátula. Revista Cultural Centroamericana nº 80. Octubre, 2017.

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